Adela y Lawrence siguen peleando día sí y día también,
pero aún y así se ve que se quieren mucho. Desde ese fatigoso día de verano en
el que Laura falleció, después de haber forjado una amistad muy intensa con
Adela, Lawrence estaba contentísimo, y eso enfurecía a Adela, por eso aparecían
y siguen apareciendo esas peleas constantes que siempre tienen un final feliz.
Lawrence, hoy en día, sigue sin entender el porqué de la
amistad de la chica de sus sueños con la muchacha que encargó que la matasen,
aunque en parte gracias a eso habían acabado juntos ellos dos, pero no
conseguía comprenderlo por más que Adela se lo explicase. Ella sigue y sigue
insistiendo en que Laura solo fue así con ella porque cuando pasó a ser un
fantasma perdió al que, más tarde, se dio cuenta de que era el amor de su vida,
y como le guardaba rencor a Lawrence decidió hacerle lo que él le hizo a ella.
Nadie sabe cómo ha muerto Laura, porque si era un
fantasma ya estaba medio muerta, unos dicen que tenía deudas con el demonio,
otros que tenía una maldición…lo único claro es que ya no está aquí.
Adela, aunque la echa mucho de menos, intenta mejorar su
relación con Lawrence para que dure diez, quince, veinte o los años que hagan
falta para darse cuenta de que nunca podrá ser más feliz, dejando de lado las
peleas, claro está.
Porque esa chica pueblerina que acudió a Carnwell con
apenas dieciocho años, ha acabado desapareciendo de la vida de sus seres
queridos para vivir una intensa e interminable aventura junto a un chico
maravilloso que ha cambiado su forma de vivir para siempre.
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