Adela es joven, no cabe duda, pero
no es eso lo que quiere ser.
Los olmos de Carnwell tienen
doscientos años, Adela apenas dieciocho, a veces las leyendas protegen a las
mujeres más jóvenes, a veces las destruyen; Adela está más que dispuesta a
arriesgarse.
Ella es una chica de ciudad que
necesita graduarse en la universidad para que sus padres la dejen en paz, pero
no es lo que quiere. Tiene miedo de empezar su primer año en la universidad
después de escuchar sus leyendas, así decide que quiere viajar y aprovechar su
juventud como hizo su hermana Carlota a su edad, aunque para eso tenga que
desobedecer a sus padres.
El primer día en Carnwell conoce a
un chico, que después de oír sus propósitos, decide acompañarla en su aventura.
Ese mismo día por la noche cogieron el primer bus que salía para la otra punta
del país.
Una vez allí, James estaba raro, no
le gustaba el lugar, y decidió que quería volver para Carnwell. Cogió un bus
después de despedirse de Adela, pero ella no le impidió irse, porque pensaba
que sola estaría bien.
Esa noche Adela duerme en un motel. En la cama reflexionando se da cuenta de que le gusta su aventura, pero no es lo que ella
imaginaba, se siente sola, traicionando a sus padres y además, sin poder
compartir sus momentos de libertad con nadie…
Cada mañana hace lo mismo, sus días
son todos iguales, y ella, cada día, hecha más de menos el cariño de su familia
y su apoyo. A veces sólo quiere dejar de mentir a sus padres y decirles que
está en la otra punta del país, pero no es capaz de eso, no tiene el suficiente
coraje.