Adela
es una chica de pueblo con muchas aspiraciones futuras. Sueña con ir a la
universidad, tener un trabajo donde se pueda ganar bien la vida y formar una
familia, el típico sueño de una niña de ocho años. Su problema es que lo sueña
en clase, a todas horas, y siempre la castigan.
Sus
padres están hartos de disculparse en la escuela y regañar a Adela, la obligan
a ir a dormir temprano, pero, por la noche, cuando ellos se duermen, se levanta
para ver la tele, jugar… Al acostumbrarse a dormir en clase, por las noches no
tiene sueño. Pero todo eso se le acaba al cumplir los nueve años, ahora que sus
padres dejan de regañarla, de hacerle caso en general. Ella se pregunta día a día
el porqué del comportamiento de sus padres, hasta que, cansada de su mal estar
familiar, les pregunta la causa de su enfado,
o lo que sea.
-
Si nos portamos así,
Adelita, es porqué estamos hartos de decirte que hagas las cosas bien, que te
centres en lo que quieres, todos tus sueños se pueden cumplir… pero solo si te
esfuerzas.
Adela
se pasa el día pensando en lo que le ha dicho su madre, y al final comprende
que quien no arriesga, realmente no gana.
Empieza
escuchando a sus profesores, preguntando dudas… pero como ha pasado tanto
tiempo sin hacerles caso, no la toman en serio. Adela les pide a sus padres que
la cambien de colegio, que se va a esforzar. Y, efectivamente, así es. Adela
cumple los 12 años con los conocimientos necesarios para empezar su
escolarización secundaria, y la verdad es que promete bastante. Por fin confía
en que podrá cumplir sus sueños, solo le falta ver que le depara el futuro.
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